El contexto del día a día
Hay niños que parecen necesitar un abrazo fuerte para calmarse, que buscan rozar las paredes al caminar, que disfrutan con determinados tejidos o que pasan el día tocándolo todo. Otros, sin embargo, evitan algunas texturas, rechazan ciertos contactos o se incomodan con facilidad cuando alguien los toca...
No hay una forma "correcta" de sentir el mundo: cada sistema sensorial es diferente.
Contar con materiales que permitan explorar distintas sensaciones de manera segura y respetando siempre el ritmo de cada niño puede convertirse en una herramienta muy valiosa tanto en casa como en la escuela o en las sesiones de terapia.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Estos rodillos sensoriales están pensados para ofrecer distintas experiencias táctiles mediante el contacto, la presión suave, el masaje sobre la piel y la exploración táctil. Cada rodillo tiene una textura diferente, lo que permite adaptar la intensidad del estímulo según la tolerancia y las preferencias de cada niño.
Pueden utilizarse en brazos, piernas, espalda, manos o pies, siempre de forma respetuosa y observando la respuesta del niño. Para algunos niños, este tipo de estimulación puede resultar agradable, organizadora y relajante; para otros, puede ser demasiado intensa, por lo que conviene introducirlo poco a poco. Son especialmente útiles como material de apoyo en actividades de estimulación sensorial, conciencia corporal, propiocepción, juego sensorial y rutinas de regulación acompañadas por adultos o profesionales.