Kit con todos los utensilios necesarios para que los más pequeños limpien los cristales. El kit incluye trapo, pulverizador, limpiacristales y bandeja rígida con asas. Está recomendado desde 3 años. Las medidas son: trapo 7,5 × 8,5 cm, bandeja 25 × 18,5 × 3 cm, pulverizador 5,5 × 16 cm y limpiacristales 15 × 16 cm.
Descripción breve
Este kit Montessori para limpiar cristales reúne utensilios reales adaptados al tamaño infantil para que el niño pueda participar en una tarea cotidiana con una secuencia clara: pulverizar → extender → retirar el agua → secar → recoger.
Incluye:
Es especialmente interesante para practicar autonomía, coordinación bilateral, control de fuerza, secuenciación y cuidado del entorno mediante una actividad real.
El contexto del día a día
Limpiar un cristal parece una tarea sencilla, pero implica coordinar varias acciones diferentes. El niño tiene que:
sujetar el pulverizador;
apretar el gatillo;
dirigir el agua hacia una zona concreta;
utilizar el limpiacristales con la presión adecuada;
retirar el exceso;
secar;
volver a guardar el material.
Además, el resultado es muy visible:
Esa relación tan clara entre acción y resultado hace que sea una actividad fácil de comprender.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
El kit está pensado como material de vida práctica Montessori y reúne todo lo necesario en una pequeña bandeja rígida.
Pulverizador
Mide aproximadamente 5,5 × 16 cm. Permite practicar:
Presionar repetidamente el gatillo exige bastante trabajo de mano para algunos niños.
Limpiacristales
Mide aproximadamente 15 × 16 cm. Permite trabajar movimientos amplios:
Trapo
Mide aproximadamente 7,5 × 8,5 cm, un tamaño pequeño y manejable para manos infantiles. Puede utilizarse para:
Bandeja
Mide aproximadamente 25 × 18,5 × 3 cm y permite transportar y organizar todos los materiales. Esto añade otra parte de la actividad:
coger el material;
llevarlo hasta la zona de trabajo;
utilizarlo;
devolver cada objeto a su lugar.
Vida práctica Montessori: aprender haciendo tareas reales
Dentro del enfoque Montessori, las actividades de vida práctica utilizan tareas reales como limpiar, verter, vestirse, preparar alimentos o cuidar del entorno. Se presentan con utensilios adaptados para facilitar que el niño pueda participar de forma progresiva. En este caso, la actividad se centra en cuidado del entorno y limpieza de superficies verticales.